Estoicos: los caballos esperan sus cargas de hielo al borde del glaciar
El refugio Cordillera Blanca Lodge (3500msnm) está en un desvío de la trocha principal que sube por la quebrada hacia Llanganuco, a 45 minutos de Yungay.
Muy cerca del refugio está la laguna Queushu, desde cuyo lado noreste se accede a Rajururi, la quebrada relativamente tendida que trepa hasta el glaciar del nevado Huandoy.
Más sobre la laguna Queshu; hay poca información acerca de este cuerpo de agua natural pero el caminante puede observar y deducir algunas cosas. Sin duda el volumen aumenta en temporada de lluvias y por eso todavía funciona el canal de evacuación que permite controlar posibles desbordes. Además, dos canales modernos de cemento con exclusas tienen la forma de “Y” al rodear la laguna desde la quebrada por donde baja el agua del nevado. El desvío del agua hace que la laguna tenga poco volumen y en cambio se benefician las chacras y tierras más bajas en el valle donde se cultivan frutas riquísimas (las fresas y los arándanos del desayuno vienen de aquí). También se puede inferir que el antiguo asentamiento en el lado sur de la laguna dependía directamente de sus aguas para sobrevivir. En el plano metafísico/mitológico andino, Queshu habría sido la paqarina de este poblado Wari; es decir, su lugar de origen y fuente de nacimiento. Es el equivalente de la Laguna de las Momias (o de los cóndores) para las gentes de Llactacocha en las afueras de Leimebamba así como el lago Titicaca para los Incas (si no recordemos el mito de Manco Capac y Mama Ocllo que afloran de sus aguas).
Seguimos subiendo por la quebrada RAJURURI y en menos de 3 horas a ritmo tranquilo se llega al glaciar del Huandoy (4100msnm). Al parecer es el hielo más bajo de Yuraqjanca o Cordillera Blanca y por eso vienen hasta aquí los hieleros. Después de una larga jornada en el glaciar, que empieza de madrugada, llenan grandes sacos con hielo que venden a S/.80 cada uno en Yungay (USD$25). Sus clientes son las elegantes señoras raspadilleras que visten floridas faldas largas, tacones negros y sombreros altos; siempre están en las calles detrás de la plaza de armas del pueblo.
El Perú es un camino, sentenciaba Antonello Gerbi el siglo pasado. Frase absolutamente precisa, sobre todo en las punas altísimas de lo que fuera el antiguo Señorío de Lima, en el límite con Junín.
Día1: Lima-Quinti en bici
El primer día habíamos salido de Miraflores y pedaleado todo el curso del río Lurín hasta su fuente, por el valle del mismo nombre. Allí donde el valle termina está Los Chorrillos (2700msnm), sobre una planicie natural que domina una suerte de olla rodeada por Lanchis, Matariche y Langas.
Las curvas trepan desde Cruz de Laya hasta Los Chorris. El valle queda atrás y la subida no acaba nunca.Pablo y Chipi con sus bicicletas.
Más arriba el pueblito de Escomarca (4000msnm) parece no decidirse por el este o el oeste y se ubica justo en el medio de la ruta. A pocos kilómetros se devisa espeluznante el cañón del río Mala; una estrecha línea de agua que sabemos conduce eventualmente a Calango y Totoritas (tomamos nota mental de esta ruta para el futuro). Pero ahora mantenemos la vista sobre la trocha y no en el cañón, sabiendo que desde aquí todo es bajada hasta Huarochirí, Sangallaya y San Lorenzo de Quinti. Han sido 160k con más de 4 mil metros de ascenso en casi 12 horas. [La próxima vez saldremos de Cieneguilla, no más].
Un respiro en Huaroochirí
En Kanguily -el fondo de una quebrada oculta tras un antiguo puente peatonal de madera sobre el río que circunda Quinti y a amables 2600msnm- nos espera la familia Coropuna. Como estupendos anfitriones se encargan de las truchas, la fogata, las carpas y nos vamos a las pozas a soltar piernas en el agua fría. Esa noche hubo chistes y guitarra alrededor del fuego. Los nervios no anticiparon lo que viviríamos al día siguiente. Ahora me río pero recuerdo muy bien la crisis.
Kanguily o calidad de vida.
Día2: Quinti-Tambo Real a pie
Eran las 9pm del segundo día y ya no dábamos más. Habíamos acordado dejar las bicis y caminar hasta Tambo Real en las cercanías de Tanta, pero al parecer nadie ponderó los efectos que tendrían 34k y más de 2500 metros de ascenso en los cuerpos de gentes que vivimos pegados al mar. Fue tal la desesperación que pasadas las 13 horas de esfuerzo nuestro querido anfitrión señala las luces de Tanta a lo lejos y ordena “Llévenlo a la posta de salud para que lo salven, yo voy al campamento y traigo la camioneta”. En plena puna a 5 grados, sin almuerzo ni cena, en short y polo (había calculado que a paso moderado llegar de día era casi una verdad absoluta) no hubo ganas de discutir y continuamos monte abajo sobre una cama de ichu helado y punzante.
En la fría puna y el sol ocultándose. Era evidente que la crisis se avecinaba.
Cuando vi las luces de un carro grande sobre la carretera apuré el paso saltando encima de las matas desesperado (mi amigo V ya resignado espetaba “No siento la cara ni mis manos, me estoy muriendo”) y lo alcancé alzando los brazos como loco. Reconocí al chofer, que no se dignó en parar.
C y C en primer plano. Al fondo V con lo último de vida.
Parecía un mal sueño. Tres cuadras más allá frena y retrocede. Era nuestra camioneta y chofer y copiloto, según nos explicaron después, andaban huyendo de “dos choros en moto que rondaban el campamento”. Mientras mi buen amigo C se encargaba de preparar, servir y repartir sopa de carpa en carpa (todas bajo techo, dentro del refugio del SERNAMP) entendimos que no habían sido choros sino solamente un par de curiosos. Pero gracias a la moto, la camioneta había fugado de casualidad precisamente a darnos alcance! Quién sabe cuántas horas más de caminata en la puna habrían sido necesarias si no fuera por el susto. Todos dormimos bien.
Refugio en Tambo Real.
Día3: La isla en Mullucocha
El tercer día hubo un acuerdo tácito en la comitiva; no más caminata, ni un metro. Así que manejaron a los miradores de la cordillera. Existen trochas que penetran la sierra hasta casi besar los nevados, las fotos son increíbles. Por suerte esa mañana me crucé con otro motero que se ofreció a llevarme a la Gran Escalera que conecta el abra Shacsha con Cuchimachay y continúa bordeando la laguna más hermosa del Perú. Don Jacinto, “El Jashi” para los amigos, conoce esta cordillera mejor que nadie. Ya en su Yamaha íbamos armando la excursión a 54kms por hora; te dejo en el abra y te recojo abajo, cuando cruces el río unas 4 horas y media después. Sonaba perfecto. Y lo fue. Shacsha está rodeada de apachetas, esos cúmulos de piedras votivas que semejan los picos alrededor. No vacilamos en colocar la nuestra sobre la más grande.
Prácticamente empedraron la quebrada entera con una magnífica escalera de piedra.
El camino inca aparece de pronto, imponiéndose sobre la geografía o más precisamente, aflorando con delicadeza de ella como lo hace la hierba. Nos guiará permanentemente por horas. En las calmas aguas de Quihuacocha se refleja todo el pico nevado este del bicéfalo Pariacaca. El caminante se deja llevar por el empedrado hasta Cuchimachay donde llamas preñadas se mueven en dirección al apu, perennizadas en tinta roja sobre los muros interiores de esta inmensa caverna por casi 10 mil años. La enormidad de horas hombre necesarias para la consecución de este camino sólo puede ser obra de un gran imperio. Sin duda alguna se trata de un senda ritual que conduce al caminante en peregrinación por las entrañas profundas de la geografía sacra de los Andes. Encima de la gran laguna se distingue claramente el Amaru; la serpiente de dos cabezas petrificada tras ser lanzada por Huallallo contra Pariacaca. Bajo al lado de la catarata y me siento a descansar a la orilla, el agua turquesa rozándome las botas. Se me viene a la mente el fanatismo enfermo del cristiano Avila. Venir hasta aquí con el solo propósito de devastar el santuario. La ironía está en que al tomar nota de la destrucción que iba causando logra precisamente lo contrario; perpetúa en el Manuscrito de Huarochirí el imaginario, los sueños y anhelos del peruano antiguo. Un intento fallido del hombre pues la naturaleza siempre gana. Es aquí en Mullucocha donde los peregrinos ofrendaban spondylus, la concha roja traída desde la costa ecuatorial, bocado predilecto de Pariacaca.
El particular islote en la laguna la destaca del resto; recuerdo la indicación del Jashi al ver que cargaba un wetsuit en mi mochila “No vayas a nadar a la isla, estarás solo y no hemos hecho un pago”. Con el agua turquesa hasta las rodillas me zambullo de cabeza. Doy la vuelta y salgo congelado pero feliz. No he hecho pago, lo entiendo bien. Me seco y sigo y d os horas después me vuelvo a sacar las botas para cruzar el río. De regreso en moto al campamento en Tambo Real conversamos sobre la posibilidad de que más peruanos conozcan este lugar. Le prometí contar la historia de Pariacaca y Mullucocha. Y regresar a nadar, esta vez sí, hasta la isla.
“Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico el Rojo o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empieza descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia.” J.L. Borges
Viajar es como leer. A cada ruta terminada, a cada libro acabado uno sólo sabe que le falta todavía más por ver. Guarco o Huarco debió ser un lugar especial. Esta gente dio durísima pelea nada más que a Tupac Yupanqui. Finalmente los incas ocuparon la zona. En este abismal promontorio sobre el Pacífico construyeron un hermoso ushnu con una escalera de piedra que llegaba hasta las olas del mar. Esta filosofía de la apreciación de la belleza en el mundo andino antiguo siempre ha llamado poderosamente mi atención. Un refinamiento absoluto; las construcciones parecieran aflorar (salir de la tierra como lo hacen las flores, naturalmente) en vez de estar colocadas encima, como un artificio. En Huarco el sello arquitectónico inca en el estilo de bloques pétreos de sillar es innegable. Se trata, pienso, casi de una mera afirmación de poder, de capacidad; “hago este muro tan hermoso en este lugar tan difícil por puro gusto, porque es bello, porque soy capaz de hacerlo”. Sin duda es una manifestación de la sacralización de la geografía. Imagino las balsas arribando a este puerto, los balseros atónitos ante la magnificencia de los serranos. Una suerte de Itaca andina. Sigo leyendo sobre Huarco y su relación con otros asentamientos del valle. Las olas rompen fuerte bajo el muro, vienen en tumbos desde muy lejos. Pienso en Vinapu, el ushnu en la Isla de Pascua otro lado del Pacífico, que conocí hace ya casi una década. Tupac Yupanqui, de nuevo.
Cada vez que veo esta foto de la Gran Roca Blanca, maldigo a Fray Diego Ortiz:
También resiento su relación con Titu Cusi .
Su padre, Manco Inca, le había advertido de nunca más fiarse de los invasores.
Era el año 1544. Manco Inca es apuñalado a traición en su palacio de Vitcos por los siete almagristas que protegía de los Pizarro.
Titu, niño todavía, es testigo de la escena y escapa corriendo colina abajo.
Las últimas palabras de su padre fueron esa advertencia.
Pero algunos años más tarde, el Inca Titu Cusi ya había permitido el ingreso de otros cristianos que vivían con él en Vitcos.
Me reconforta creer que tal vez se trató de un acto estratégico para manipular al virrey, haciéndole pensar que accedería al bautizo.
Impecable reconstrucción del templo Yurakrumi (Vince Lee)
Se dice que eran muy amigos, Diego y Titu. Quién sabe.
Lo cierto es que -motivado por su fe y convencido que en Yurakrumi, el templo de la Gran Roca Blanca habitaba el mismísimo diablo- Fray Diego Ortiz le prende fuego.
Por esas cosas del destino, el inca muere poco tiempo después de la profanación. Era el año 1571.
Sus capitanes culpan a Ortiz y le conminan a que lo haga resucitar.
Al no lograrlo es torturado y muerto.
Con una lanza de chonta clavada en la espalda baja lo entierran de cabeza para que no pueda mirar al cielo pidiendo ayuda a su dios.
La iglesia católica lo considera su proto mártir en América.
Muerto Titu Cusi y estando Sayri Tupac en Yucay, sólo Tupac Amaru resta en Vilcabamba.
Monumental: el camino Yanacoto evidencia un orden social determinado y una gran mano de obra
Hace mucho tiempo intentamos este camino. Luego de leer el trabajo de Nieuwland decidimos regresar. La obra trata de la ruta Pachacamac – Pariacaca – Jauja, importantísimo eje oracular del mundo andino antiguo. Nosotros hablamos de un camino de menor dimensión que, partiendo del anterior, corre paralelo al Capaq Ñan pero dentro de Lima (tramo al que el autor dedica un capítulo entero pag.78).
Indispensable para los limeños ávidos de fuga
Recorrimos en bicicleta este antiguo camino peatonal cuyo tremendo mérito es unir las cuencas de los ríos Lurín y Rímac. Estamos frente a un verdadero testimonio de ingeniería social monumental de nuestros antepasados. Su pésimo estado actual se debe en parte al tiempo y a los eventos climáticos como derrumbes y lluvias. Pero sin duda el mayor daño resulta de su DESUSO. Nuestra indiferencia mata nuestros caminos. Si más gente se animase a subirlo o bajarlo a pie, corriendo o caminando o en bicicleta, el camino estaría mucho más limpio y, reanimado nos acogería con mayor esplendor. Es un privilegio poder salir tan cerca y encontrar una ruta como esta. Es tan misterioso que uno cree que lo está descubriendo.
El Perú es un camino y nuestro deber recorrerlo.
En verdad hicimos una vuelta mucho más larga, pedaleando desde y hasta Miraflores. Obviamente es posible ir en carro hasta Chontay si lo que se quiere únicamente es gozar del camino antiguo. (Si es carro propio habría que llevar chofer para que lo regrese a Lima y/o recoja a los caminantes a su llegada en California, Chosica).
Estrictamente, el camino peatonal antiguo no es el Capaq Ñan y nunca sabremos si en definitiva es inca, preinca, ichma o…¿? Pero eso no importa tanto como el hecho de que existe, que perdura, que está allí. El camino Quebrada Yanacoto corre paralelo al Capaq Ñan y perpendicular al Camino Inca de Lima; llegar es muy fácil y dependiendo de la condición física la ruta que se puede hacer es espectacular.
El trazo es impresionante. La escala también.
Hoja de ruta (asumiendo buena experiencia mtb)
Saber que se trata de una salida hike/bike: debe gustar caminar y portear y montar
Salir muy temprano 5am
Camelbak 2L más un termo 500ml, recargar en Chontay
Pasando Chontay, se cruza el puente y trepando un repecho hay una huella carrozable al lado izquierdo que sube por una pendiente alejándose de la pista
Yendo lento se camina 1h por la base de la quebrada hasta alcanzar el camino hacia el lado derecho
El camino es pedaleable en muchas partes, pero hay que montar y desmontar (TrailRunners bienvenidos al paraíso!)
La pendiente está muy bien pensada y el trazo sigue el contorno de quebradas internas, alargándose para mantener una pendiente amable (qué maestros de verdad!)
Es un placer caminar/montarlo
Muy poca sombra a lo largo del recorrido
Cuando menos se espera ya se llegó al abra
Ojo: el lado norte (quebrada Chaclacayo) pierde el espíritu del camino dado que lo hemos destruido con una trocha carrozable
Nos llamó la atención una estructura derruida al fondo de la quebrada, donde aún subsisten los cimientos de piedra de una construcción de plana rectangular, ¿tambo? ¿De dónde obtendrían agua? ¿O sería solamente un lugar para descansar y continuar? Queda tanto por saber y explorar. Felizmente.
Una extraña intimidad unía al sol con el hombre del mundo andino antiguo. Entre las cordilleras remotas, durante el solsticio de junio, un profundo claroscuro se vive desde el ushnu. Mientras Hanan y (L)urin se funden en un juego intencional de luces y sombras al viajero le es imposible no conmoverse. Se trata de una revelación de la estética del ande; todo tiene sentido en la naturaleza. Hasta los edificios parecen aflorar de la tierra y no imponerse sobre ella. Es un descubrimiento que se entiende desde el corazón “como un cristal en el que el mundo vibrara”. El viajero comprende que hay algo más que no puede asir. Sólo queda observar. Amanece.
1. Trekking to Choquequirao can take 3 days (in and out) by hiking the Huanipaca instead of the Cachora route.
Inca Chiaroscuro during winter solstice at the the Sacred Platform, Choquequirao
The Choquequirao experience as a whole has been constantly put down by misinformed hikers that think the town of Cachora is the only reasonable access. Personally, I wouldn’t travel this far to walk the same 32k (20miles) to and from Choquequirao. I wouldn’t do it anywhere. This type of sacrifice is only worth it for high mountain climbing where your life depends on a security line.
Unwise tour operators (cheap and classy) and Cachora wranglers alike are keen on advising Cachora as both the starting point and finishing line. This means fewer costs for everyone at the expense of an awesome destination’s experience.
The savvy traveler will appreciate what locals and experienced trekkers call the “Choquequirao Loop”. A round circuit hike that allows a full day at the site (day 3) and can get you back to Cuzco by late afternoon on day 4. If you do things right. Ask your adventure travel operator, they should know.
I wouldn’t advise attempting the Choquequirao Loop alone (without an adventure travel operator that is) unless you are extraordinarily fit. Here is the catch; trekking out of Choquequirao via San Ignacio Bridge to Huanipaca is shorter than going back to Cachora ONLY IF pick up has been previosuly arranged at this valley. This is where a knowledgeable and truly bespoke travel operator comes in. Paying for such service is well worth it.
2. It is possible to continue past the site to Machu Picchu. But that trek will take a minimum of 6 or 7 (ok 8 if you’re lazy/unfit) days not 9. (i) Cachora-Rosalina, (ii) Rosalina-Choquequirao, (iii) Choquequirao-Maizal, (iv) Maizal-Yanama, (v) Yanama-Totora. A dirt road reaches Totora from the “Hydro” train station. If you get to Totora early you might be able to catch a ride all the way to the railroad. Please note you wont have a full day to spend at Choque with this schedule but two half-days instead.
Once again, due to remoteness, this implies quite a bit of coordination that is well worth paying for.
That being said, night on day 5 can be spent at Aguas Calientes (pathetically trying to be known as “Machu Picchu Pueblo” while standing for complete chaos and disregard for natural surroundings in direct opposition to the harmonious Inca outpost bearing the name).
Day 6 is Machu Picchu and the train back to Cuzco through the Sacred Valley of the Urubamba. By now the discerning trekker has hiked all the way from the Apurimac River (one of the world’s deepest canyons) to the Urubamba and completed a circuit that involves both Choquequirao and Machu Picchu; truly amazing and complementary (not alternative) Inca sites/experiences.
It would be saddening if you still want to cue along the Classic Inca Trail by now.
Remember to do your pre-work (reading and getting fit) if you truly want to enjoy the Choque-MaPi hike. Happy trails.
PS. Vilcabamba is a whole other story.
*Finally a last word thanking Terry Phillips for sharing his insights on this incredibly unknown and equally rewarding trail in my country.
Wade Davis es un tipazo. Conoce muy bien el Perú. Habla quechua, vivió en la sierra y es un férreo defensor del medio ambiente y los pueblos originarios. Es un viajero por excelencia. Viajar le ha permitido ser partícipe de las otras formas de vida, de otras culturas, de distintas maneras de ver el mundo, de maneras diferentes de soñar.
Para quienes vivimos en el Perú aproximarnos a esa otredad no es difícil, sólo hay que enrumbar desprejuiciados a costa, sierra o selva. Si no viajamos al interior, si no conocemos el Perú jamás estaremos en capacidad de evaluar adecuadamente qué tanto estamos perdiendo. ¿Qué queremos para el Perú y su crisol de naciones?
Davis ha recorrido nuestro país (y el mundo) como pocos. En el 2003 dio una conferencia esta conferencia en TED que es absolutamente reveladora. Entonces acuñó el término etnósfera, que define como la suma total de todos los pensamientos, sueños, mitos, ideas, inspiraciones e intuiciones que han cobrado forma gracias a la imaginación humana desde el principio de su conciencia (…) es el gran legado de la humanidad. el símbolo de todo lo que somos y lo que podemos ser.
Hace algún tiempo un grupo de caminantes cruzó la Cordillera de Vilcabamba, uniendo los valles de los ríos Apurímac y Urubamba. Llevaban una carga (un encargo) muy especial.
Hasta ahora no deja de sorprender que tan poca gente (¡tan pocos peruanos!) sepan de Choquequirao, y que tantos menos hayan estado allí.
Resumidamente, se trata de un resto arqueológico inca suspendido a más de mil metros sobre las aguas del río Apurímac, en una corniza imposible del Apu Corihuayrachina. Los andinos creemos que algunas montañas especiales están habitadas por un espíritu tutelar; a estas montañas conocemos como Apus.
Recordemos que Machu Picchu se ubica también en un acantilado sobre el Urubamba, en un “brazo” del Apu Salkantay que se descuelga hacia la selva del norte cuzqueño. Esto hace que muchos las llamen “ciudades hermanas”. Pero el término occidental de ciudad no se aplica cabalmente a esos emplazamientos inca. En quechua se les dice mas bien “llacta”.
Si Machu Picchu fue construida como un royal retreat (en términos de John Rowe) de la familia real del Inca Pachacútec, los investigadores han postulado que Choquequirao desarrolló el mismo rol una o dos generaciones después; ya sea con el Inca Tupac Yupanqui (hijo de Pachacútec) o el Inca Huayna Cápac, nieto de este.
Además del equipo de trekking usual; botas, carpas, casaca polar, bastones, mochilas y comida, el grupo llevaba consigo un encargo especial; un panel solar que tendrían que instalar sin saber cómo.
Para llegar a la locación tuvieron que superar el Cañón del Apurímac, remontar el Abra Choquequirao, traspasar el Cañon del Yurakmayo y trepar rumbo a Yanama. Fueron tres días de arduo y satisfactorio camino.
Luego de la instalación se dirigieron a la temible Abra Choquetacarpo, la más alta de Vilcabamba (denominación de toda el área entre los ríos Apurímac y Urubamba, aunque también es el nombre del último refugio inca, así como de un poblado de fundación española y adicionalmente el nombre de una cadena de picos nevados o cordillera). El paso estaba nevado y el viento helado punzaba la piel. Sin embargo, un olvidado camino inca de piedra los llevó tranquilamente hasta las alturas del abra. La pendiente artificial tan bien estudiada y planeada por los incas es un verdadero placer para el caminante. A casi 5 mil metros sobre el nivel del mar uno no se cansa de admirar (y agradecer) tremenda obra de ingeniería que facilita la escalada.
A menos de 50kms de distancia hordas de turistas viven el loquerío del Camino Inca Clásico. No nos malinterpreten, la experiencia de arribar a Machu Picchu por el Intipunku (puerta del sol) es única, pero tal vez sea más conmovedor este otro camino inca abandonado en un lugar tan remoto. No había nadie delante ni detrás del breve grupo de caminantes.
¿Estás seguro que es por acá? Le preguntaron al amigo de Huancacalle (el pueblo vecino).
“Claro pues papi, ¿¡cómo no va a ser por este lado!?”
A las 11:30 de la mañana del día siguiente vimos las primeras casas de su comunidad. No se equivocó.
Revisando la filmación uno se llena de emoción riendo con El Chavo del 8, que estrenó la función en las alturas de la remota Cordillera de Vilcabamba.
Entre Choquequirao y Machu Picchu se alza imponente, como una cortina lítica, la Cordillera Vilcabamba.
Es una muralla gigantesca que separa los ríos Apurímac y Urubamba.
*El Apu Pumasillo
*Click en la imagen para verla completa (Pumasillo o “Garra de Puma”)*
Detrás de los picos nevados está Vilcabamba La Vieja, último refugio de los Incas. En camino a Vilcabamba se pasa por Vitcos, sede del palacio de Manco Inca. Ahora existe un centro poblado adyacente a Vitcos; Huancacalle. Desde ahí son 4 días de ardua caminata hasta Vilcabamba.
El camino al extremo derecho de la toma es el que une el cañón del río Blanco, Pincha Unuyoc y Choquequirao hacia el sur con el pueblito de Yanama hacia el norte. Yanama está a los pies de los nevados, oculta en el fondo del valle.
Desde Yanama un camino inca olvidado con rumbo nor-oeste conduce a través del Abra Choquetacarpo a Vitcos (Huancacalle) y Vilcabamba. Desde Yanama, una senda en dirección nor-este lleva a Totora, Colpapampa y Machu Picchu.
Tal vez sea en este el lugar donde el viajero que recorre la ruta Choquequirao-Machu Picchu se siente más abandonado, más expuesto a los caprichos de la naturaleza. Minutos después de esta foto las nubes oscurecieron el día y la lluvia inundó todo. Los ríos crecieron, los caminos se hicieron resbalosos, las mulas trajinaban y los caminantes vacilaban ansiosos.
Mientras más remoto el lugar, más cerca parece estar uno de sí mismo.
Y si sólo se puede llegar (y salir) caminando, la sensación de extraño desasosiego se torna reveladora.
¿Qué se siente coronar un Apu?
Sé que el Pumasillo es un pico que nadie ha escalado. Cada vez que se recorre esta ruta, el llamado a intentarlo es más fuerte.